Ejercicio físico: terapia no tradicional para personas con cáncer

J. MONCADA JIMÉNEZ
Escuela de Educación Física y Deportes y Escuela de Medicina. Universidad de Costa Rica.

La palabra cáncer es una denominación genérica para cientos de enfermedades que comparten la característica común de una proliferación celular inadecuada y el potencial de estas células para propagarse hasta sitios anatómicos distantes1. Los tratamientos tradicionales utilizados para enfrentarse al cáncer han sido la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia, la terapia hormonal y la combinación de éstas2. El propósito principal de estas terapias es hacer desaparecer las células tumorales, aunque algunas veces esto no sea posible. Es decir, se dice que existen recurrencias cuando algunas de las células escapan a la erradicación y se vuelven a multiplicar a través del tiempo.

A pesar de los grandes avances tecnológicos y científicos, y del gran esfuerzo y dedicación de los profesionales del área de la salud, los efectos colaterales de las terapias tradicionales han disminuido la calidad de vida de las personas con cáncer2. De acuerdo con Selby1, los problemas más comunes asociados con la cirugía son el dolor, la pérdida de flexibilidad, la amputación y el daño motor y nervioso. Por otra parte, la radioterapia puede causar pérdida de la flexibilidad en las articulaciones irradiadas; la quimioterapia puede causar daño de los nervios periféricos, puede producir miocardiopatías, fibrosis pulmonar, miopatías y anemia. Por ello, actualmente han aparecido otras formas de terapias no tradicionales para enfrentar los efectos secundarios asociados a las terapias tradicionales. En esta revisión de la literatura especializada se presenta evidencia de la relación entre el ejercicio físico y el cáncer, así como sus efectos terapéuticos, y las posibles guías para que los pacientes con cáncer se ejerciten y logren mejorar su calidad de vida.

RELACIÓN ENTRE EJERCICIO FÍSICO Y CÁNCER

Los estudios publicados en los que se ha evaluado la relación entre diversas formas de actividad física (p. ej., actividades recreativas, deportivas, ocupaciones o trabajos teóricamente activos) y el desarrollo de diferentes tipos de cáncer han sido controvertidos. Por ejemplo, en un estudio de casos y controles realizado en mujeres japonesas entre 26 y 69 años, se encontró una relación inversa entre la actividad física (p. ej., actividad física en el tiempo libre, práctica de deportes, trabajos u ocupaciones más activas) y el riesgo para adquirir cáncer de mama3. Estos resultados observados fueron independientes del peso, la talla, el índice de masa corporal, la historia familiar de cáncer de mama, educación, edad de la menarquia, la edad a la que se tuvo el primer hijo y estado menopáusico (pre y posmenopáusicas). En otro estudio se encontró una relación inversa entre el grado de actividad física y el riesgo para que los hombres desarrollaran cáncer de pulmón4.

Basándose en una amplia lista de estudios similares, existe el consenso de que el ejercicio o la actividad física moderada proporciona un efecto protector contra ciertos tipos de cáncer, en particular frente al cáncer de mama en mujeres y el cáncer de colon en varones 3,5-15. Sin embargo, otros estudios no encuentran relaciones entre la actividad física recreativa u ocupacional y el cáncer de mama en mujeres, o el cáncer de próstata en varones 16-19 e, incluso, en un estudio se encontró una tendencia a que las mujeres muy activas tuvieran mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama.20

Este tipo de controversias son comunes en la literatura científica, ya que se han usado diferentes metodologías, criterios para la selección o exclusión de sujetos, diferentes técnicas para el análisis estadístico, como regresión logística condicional, incondicional, simple y múltiple, modelos de riesgos proporcionales de Cox, entre otros. Además, se han estudiado diferentes tipos de cáncer en diferentes etapas de la enfermedad21. Por otra parte, en algunos estudios no se han controlado la mayor cantidad de variables confusoras o posibles factores de riesgo (p. ej., consumo de alcohol, dieta, tabaco, estatura, tamaño de las mamas, estado menopáusico); algunos de los cuales, a su vez, no han mostrado un comportamiento consistente en otros estudios22-24. Por otra parte, no se han estandarizado los métodos para la medición de la actividad física; por ejemplo, el grado de actividad física, luego transformado a unidades metabólicas (MET) o a kilocalorías (kcal) se ha obtenido mediante cuestionarios y entrevistas telefónicas. 8,25,26

EFECTOS TERAPÉUTICOS DEL EJERCICIO

A pesar de las controversias señaladas anteriormente, cuando se han estudiado los efectos del ejercicio físico como terapia no tradicional para enfrentar el cáncer, los resultados publicados han sido muy positivos y prometedores. Más aún, de acuerdo con Pinto y Mayurama27, la esperanza de vida de los supervivientes de cáncer ha aumentado en los últimos años, y el ejercicio físico y otras terapias no tradicionales han colaborado modestamente a que este aumento sea una realidad.

En un estudio publicado recientemente, se entrevistaron telefónicamente 379 mujeres con cáncer de mama para conocer los tipos de terapias alternativas que utilizaban28. Las mujeres participantes pertenecían a diferentes grupos étnicos (p. ej., latinas, blancas, negras y chinas) del área de San Francisco, California, afirmaron que alrededor del 50 % de las mujeres entrevistadas utilizaban al menos un tipo de terapia alternativa, y que éstas variaban de acuerdo en el grupo étnico de proveniencia. Por ejemplo, las mujeres de raza
negra utilizaban la curación espiritual (36%); las chinas, los remedios basados en hierbas (22 %), mientras que las latinas empleaban terapias basadas en dietas (30%) y en la curación espiritual (26%). Por su parte, las mujeres de raza blanca de este estudio seguían métodos basados en dietas (35 %) y métodos físicos (21 %) como masaje y acupuntura. Un aspecto importante fue que, en general, las mujeres con mayores niveles de educación, con salarios más altos, más jóvenes, y que realizaban ejercicio físico previamente a la enfermedad, eran más propensas a utilizar terapias alternativas y a discutirlas y analizarlas con sus médicos. El 90% de las entrevistadas respondieron que recomendarían terapias alternativas a otras personas.

Las terapias no tradicionales utilizadas para enfrentar el cáncer también han sido utilizadas por adultos mayores29. A un grupo de 699 adultos mayores de 64 años de ambos sexos y con diferentes tipos de cáncer se les aplicó una encuesta para determinar sus intereses en cuanto a terapias complementarias y otros factores psicológicos29. En este estudio se encontró que el 33% de los pacientes utilizaba algún tipo de terapia complementaria. Las más utilizadas fueron el ejercicio físico, la terapia a base de hierbas y la curación espiritual. También se encontró que la mayoría de usuarios de terapias no tradicionales eran mujeres con cáncer de mama que poseían niveles de educación altos. Estos resultados fueron apoyados por mayores niveles en el grado de optimismo de las personas que usaban terapias complementarias comparadas con quienes no las utilizaban.

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